Lo que sigue a continuación es un pequeño viaje introspectivo a los recuerdos que me causó un nuevo contacto con los videojuegos de mi infancia. Probablemente mal escrito, dado que tengo demasiado tiempo sin escribir algo. Es una pieza bastante subjetiva y personal, que probablemente no tocará ningún punto en común con alguien a menos que haya tenido experiencias similares. Aunque la experiencia sigue siendo humana, por supuesto, y ello conlleva que alguien pueda identificar sentimientos parecidos, aunque de origen distinto. En fin, aquí está.
Hace unas pocas horas estuve trasteando con los juegos de mi infancia, las roms de Zsnes. Me sorprendió, al principio, no haber olvidado prácticamente nada de las historias, e incluso parte de los mapas hasta donde había llegado antes, a pesar de estar reempezando las partidas. Al parecer, no he olvidado nada, los recuerdos sólo estaban empolvados. A pesar de que ya han pasado horas desde que las probé, las melodías siguen clavadas en mi mente, impregnadas con la soledad de aquellos días, pero, curiosamente, con una esperanza nueva.
Todo resultó mejor de lo que esperaba. Temía caer otra vez en esas maratónicas tardes en frente de ellos, pero al parecer he cambiado otra vez. Ya había notado desde hace tiempo que los videojuegos me producían tedio, hasta el punto en que dejé de usarlos por completo como por dos años. Ahora es un poco diferente, no aguanto más de una hora, pero siento como si eso me fortaleciera. Suelo perder el foco de mis actividades muy a menudo, mi concentración es bastante inconsistente, sobre todo con respecto a lo que deseé antes de hoy (repita eso por varios años!). Pero ahora pude, luego de un rato en contacto con una parte de mi pasado, recordar más claramente de donde vengo. Eso, por supuesto, incluye ese vacío existencial al que ya me había desacostumbrado. Esa sensación de estar caminando en la nada, que ahora no es mayor que mis fuerzas. Ha pasado bastante tiempo, y lo que antes era el presente confuso, ahora es el pasado, que puedo examinar acompañado de una nostalgia llena de matices que no atino a expresar bien por escrito.
El recuerdo más claro de aquellos días es el de haber querido ser otra persona. Daba igual que estuviera sentado usando videojuegos, en mi cama pensativo, en clase soñando despierto, o en el escritorio haciendo la tarea. El deseo de querer hacer algo más interesante que esa rutina, manifestado claramente en ese deseo impulsivo hacia ver, o, más en mi caso, dirigir personajes con historias más interesantes y épicas. Por algo existen la ficción literaria, los videojuegos, las películas, la animación y las telenovelas (digo esas por ser inclusivo, nunca vi una). Pero eso es bastante general, mis disculpas si pierden el hilo en el próximo párrafo, pero no puedo evitar ser específico.
Cosas como la transformación de caballero oscuro a paladín de Cecil en Final Fantasy 4, donde literalmente tuvo que hacer un combate contra sí mismo, o los viajes en el tiempo de Chrono Trigger (una exploración espacio-tiempo a la par de una novela seria), las dudas de Terra, mitad humana, mitad esper, en un mundo donde no sabía cual era su lugar en la realidad geo-política (una sensación de no sentirse humano con la que llegué a identificarme demasiado), en Final Fantasy 6, y las historias trágicamente humanas e interconectadas de los personajes principales en Seiken Densetsu 3, no parecen haber salido nunca de mis recuerdos. Star Ocean, por haber sido el último que probé, ya en la época en que los videojuegos me empezaban a causar tedio, no lo llegué a experimentar tanto, pero igual me llegan nebulosas trazas de la historia, y al igual que casi todos los anteriores, ganas de terminar los que dejé inconclusos, que fueron todos menos Final Fantasy 4. Tengo que decidirme a enfocar mis esfuerzos en cosas productivas, pero sospecho que sentiré que me falta algo hasta que llegue al final de todos ellos.
Sobre todo, recuerdo las melodías: Simples, repetitivas, de baja calidad de sonido... pero con mucha más atmósfera que las orquestaciones "épicas" de muchas películas comerciales, que terminan siendo "música de películas genérica". Éstas no. Con su simplicidad, y las limitaciones técnicas de aquellos años, lograban mucho más crearle un tema a cada personaje, y a cada situación. A veces, quitándole todos los lastres a mi imaginación y con la esperanza de estar inventando la realidad, me llega la sensación de que la energía y brillo de esas canciones proviene de gente que pasó por cosas como yo. Que esas dudas, y a veces esas avalanchas de motivación que me llegan al recordar algunos pasajes, son la reacción que un compositor de música para videojuegos deseaba causar en alguien incluso afuera del juego, y no estaba del todo seguro si lo lograría.
En fin, quizás esté idealizando mucho lo que podría ser explicado de una manera más sencilla y concisa, pero estoy completamente seguro que no soy la única voz que parece hablar sola en internet sobre su realidad subjetiva. Aunque he recibido algunas opiniones bastante interesantes y motivadoras por parte de varias personas que han leído lo que escribo, cosa que me alegra bastante, y de la que esperaría repeticiones :).
¿Será que tal vez esto es lo que llaman esperanza?. Esa pregunta podrá sonar muy cliché y excesivamente dramática, pero proviene de un ex-solipsista y ex-nihilista. Por supuesto, todos mis recuerdos no tienen valor trascendental alguno fuera de mi propia y limitada existencia, y todas esas canciones que para mí tienen mares de nostalgia, para otros serían solo las cancioncitas de juegos anticuados. Pero, y creo que esta pregunta deseaba hacerla desde hace mucho tiempo... ¿y eso que importa?. He leído, visto y vivido lo suficiente como para saber que no soy el único ser humano con dudas existenciales y recuerdos peculiares que muchos no comparten. Incluso milenios antes de mi nacimiento los humanos estaban haciéndose muchas de las preguntas que vuelan por mi cabeza cada cierto tiempo sobre la vida. No soy tan especial como para que el mundo gire sobre mí, y ahora que lo entiendo, estoy agradecido de que sea así.
Me quedan entonces sólo dos cosas, una decisión y una promesa. La decisión es conmigo mismo, a ver si por fin logro obtener la sensación de que voy a algún lado. Eso ya lo veremos, con lo mucho que me cuesta. Y la promesa es con todos los demás, tal vez contigo (si así lo quieres, por supuesto) de escuchar cualquier cosa que tengas que decir sobre tus dudas existenciales. Es incoherente e inútil que me sienta incomprendido si no accedo a tratar de entender a los demás, así que estoy dispuesto a escuchar a quien sea, y prometo que no me limitaré a simplemente decir ""que profundo"" o de asentir como un autómata. Si por accidente consideras que cometo crímenes como esos, dímelo, lo que menos quiero es que alguien sienta que no trato de entenderlo. Es una sensación que conozco lo suficiente como para no deseársela a nadie.
sábado, 18 de abril de 2009
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1 comentario:
Te noto en este articulo lleno de nostalgia, inseguridad, curiosidad, o incluso necesidad de comprender o de intentar comprender ciertas cosas culminando otras.
Esas experiencias vividas en la niñez.. Esos juegos que aun hacen leyenda, no son mas que un lejano recuerdo en la mente de muchos, pero que sin duda alguna nos marcaron de tal forma que llegamos a identificarnos con ellos. Pero esto se debe no solo a la historia tan bien elaborada que estos juegos contenían, si no a la poca madurez mental de la infancia que hace generar modelos de vida a seguir y de allí se produce y se mantiene dicho patrón de comportamiento por el resto de nuestras vidas, creando ilusiones extremadamente ficticias de mundos paralelos fuera de lo real. Pero que pese a todo no hace daño a nadie, no es malo soñar, de hecho considero que los sueños son el lugar en donde nacen las buenas historias.
Salu2, y nos estamos leyendo
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