Antes que nada, mis más sinceras disculpas con los lectores de otros países. A pesar de querer tener una redacción "universal", iniciaré este blog con algo referente a mi nacionalidad. Quizás hubiera sido más elegante iniciarlo hablando de música clásica, las películas que he visto recientemente o algunos de mis aforismos, pero el entorno inmediato me llama por el momento.
Hace un tiempo captó mi atención cierto artículo sobre los venezolanos. Lo leí, volví a leer, y francamente, me dejó la mente en blanco por varios segundos. Estoy dividido en dos. Por un lado, siento cierto impulso a querer defender a los venezolanos. Es natural, también soy uno, y las palabras usadas son bastante contundentes. Pero, por otro lado, mirando a mi alrededor y en mis recuerdos, una parte de mí también asiente con dolor.
Exceptuando los muchos tour de force's que hace el señor Dross en su redacción, hechos en gran medida para sentirse bien consigo mismo, sus argumentos tienen sentido, y me está empezando a llegar la idea de que los venezolanos nos creemos una cosa mientras somos otra, y los únicos que no nos damos cuenta somos nosotros mismos. Bueno, la idea no es nueva, lo admito, pero ahora es más clara. Por ejemplo, ¿nos hemos puesto a pensar en verdad que imagen, por lo menos, proyecta Chávez como presidente de Venezuela cada vez que entra en contacto con alguien del exterior?. Puede que los coloquialismos lleguen al venezolano (o a algunos de ellos) de buena manera, pero definitivamente no causan buena impresión fuera. Nunca he estado en el exterior, pero he podido leer opiniones en Internet tanto de otros sudamericanos como de norteamericanos sobre Venezuela, y no me ha gustado en absoluto lo que he visto.
Probablemente otro inmediatamente inventaría una razón para imaginar que todas esas críticas no son ciertas y no sentirse "vulnerado", pero yo siempre he encontrado particularmente difícil ese asunto del auto-engaño. Quizás sea porque nunca me he acostumbrado del todo a ir por la calle y ver como "normal" cosas rotas, calles agrietadas a pesar de estar en un país petrolero, o tener que resignarme cuando, a las malditas 11 de la noche, alguien decide poner reggaeton a todo volumen en la urbanización y me hace ver el sueño como un lujo. Es particularmente esa arrogancia inconsciente, no tener consciencia de que las acciones propias puedan incomodar a alguien más, lo que nos hace nuestra mala imagen ante los demás países. Todo el tiempo son los demás los "extraños", que no quieren "divertirse", y que prefieren dedicarse a... oh... el horror... hacer algo productivo!.
Una pregunta. Si yo contara que, en mi época colegial, al salir de clases un día ví a unos estudiantes que salían conmigo de las (j)aulas sacar un libro y pisotearlo en las afueras del liceo, ¿me lo creerían?. Mientras veía ese triste espectáculo me apoyaba sobre una pared, aparentando indiferencia para no desentonar en el ambiente, pero también para, inconscientemente en aquel momento, proteger la edición de "Más allá del bien y del mal", de Nietzsche, que tenía en mi mochila de aquellos salvajes con uniforme. Y quizás haga mal en insultarlos a ellos, cuando incluso a mí, un alumno de "buena nota", el recinto estudiantil me parecía una cárcel. Siempre me ha gustado leer, pero siempre he pensado, y mantendré hasta el día de mi muerte que, si el primer libro que un joven lee completo es un libro de texto escolar, odiará la lectura por todo el resto de su vida. En retrospectiva, no me parece extraño que mis pares me vieran como un extraterrestre cuando decía que me gustaba leer. En las caras de extrañeza que ponían, parecían preguntarse que clase de masoquista era yo. Y no los culpo, si su idea de "libro" eran las cosas que a veces intencionalmente "olvidaban" al llegar a clase. A pesar de sentirnos diferentes, éramos bastante parecidos, sólo que expresábamos nuestra frustración con el sistema educativo de maneras distintas: Ellos de la manera que ya narré, y yo, ese muchachito tímido que sacaba buena nota y trataba con respeto a los profesores, leyendo en su casa joyas como
"Porque en ese sitio (el instituto), como en cualquier otro, la libertad no gusta, y se las arreglan magníficamente para contenerla, reducirla, constreñirla o limitarla al máximo. El poder de ir y venir, de circular libremente sin traba, de moverse sin tener que dar explicaciones; el de hacer uso como uno lo desee de su tiempo, sus noches y sus días, el de decidir la hora de levantarse y acostarse, la libertad de trabajar o descansar, de comer, dormir, todo eso que pone de manifiesto la autonomía del individuo (la posibilidad de decidir sobre su existencia con todo detalle), incomoda considerablemente a la sociedad en su conjunto. De ahí que la sociedad haya inventado un cierto número de instituciones que funcionan según técnicas de control, control del espacio, control del tiempo"
-- Michel Onfray, "Antimanual de filosofía"
Siempre me ha irritado que precisamente mientras más los profesores me consideraban un "buen alumno" era cuando actuaba como borrego con pulgares, copiando en silencio una clase mientras ellos hablaban monótonamente del tema del día. Encuentro triste que su estudiante "ideal" sea el prototipo perfecto de individuo sin personalidad. Quizás haya obtenido notas "buenas", nunca les haya faltado el respeto a los profesores, y más bien los tratara con una cortesía inusual en mi pares, pero eso es educación básica, no la aceptación irracional de un modelo educativo ineficiente. Nunca me ha parecido del todo edificante que el sistema lo motive a uno a estudiar para los exámenes, y luego olvidarlo todo en una semana. Y uno no puede pedirle mucho más tampoco a los pobres profesores, cuyo ánimo en clase era comparable con su sueldo. ¿En todos lados es así, o ese el el modus operandi del sistema educativo venezolano?. Y la universidad comete muchos de esos errores también...
Percatarme de cosas como esas me hacen darle la razón a Dross. Por supuesto, quisiera cambiar el estado de las cosas. No me gusta ver a mi entorno así. Pero no veo ni cómo ni por donde empezar, la gente que me rodea parece satisfecha con el estado de las cosas, o, en el peor de los casos, resignada. No veo salida excepto en lo que tiene que ver conmigo mismo, marca indiscutible de "idiotez" en el sentido griego original de la palabra, de la que aparentemente no logré evitar contagiarme en la escuela.
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1 comentario:
Trabajar como si viviésemos en la obra de Moro "Utopía" es sólo eso, una utopía. No alcanzamos los suficientes para llegar a ser aquella ideal nación que un Romántico idealista hubiese soñado en alguna medianoche llena de historias.
Podemos soñar, y tengo la leve impresión de que es lo único que podemos hacer, viendo que somos tan pocos. Intentar ser feliz imaginando un espacio limpio, queda en una mente que intenta mantener la limpieza cuando otro porquerizo lanza una bolsa negra que los perros callejeros riegan por las noches en la calle (y, cómo no, los indigentes)...
Cómo luchamos ante cosas como esta, que se presentan innumerables veces ante nuestros ojos...
Cierro los ojos, sueño, no quiero despertar ante un mundo que no puedo cambiar yo solo y un reducido, microscópico, grupo de personas del mundo.
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